Este artículo aparece en el contexto de un reportaje sobre los levantamientos juveniles que han ocurrido en el mundo durante el año 2011. En la foto de portada del diario aparece Camila Vallejo con el titular “Levantamiento de los Jóvenes”.
La Poderosa
Inteligente, bella, elocuente: una estudiante dirige las protestas en Chile.
por Ulrich Ladurner (Trad. Cristián Varas)
La belleza mueve a las masas. En términos insidiosos significaría: Lo superficial mueve a los hombres, no el contenido. Sería absolutamente injusto afirmar tal cosa con respecto a Camila Vallejo. No sólo tiene la apariencia, tal como se la imaginaría cualquier pintor revolucionario, de una heroína sobre las barricadas, sino que habla como una líder política nata, segura de sí misma, inteligente, elocuente. “¡El presidente ha cometido hoy un grave error!”, dijo ella en Julio, cuando el jefe de Estado Sebastián Piñera presentaba sus propuestas a los estudiantes que ya llevaban semanas en movilización. Dijo esto, rechazando la propuesta, no sólo a quien es el Presidente de la República, sino que además es uno de los hombres más ricos de latinoamérica. Camila Vallejo tiene carisma, no cabe duda. 150 000 personas salieron la última vez a las calles para disuadir al presidente de hacer una reforma al sistema educativo. En el centro de la protesta está esta mujer de 23 años, hija de padres comunistas, miembra de una organización estudiantil comunista y elegida el 2010 por estrecha mayoría como presidenta de la Federación de Estudiantes de Chile. Tanto poder para una joven comunista exige ser explicado.
Como todo poder, el de Camila Vallejo es sólo prestado. Este poder se le ha impuesto fuertemente por parte de los medios. Cuando ella habla, se levanta un bosque de micrófonos y cámaras. Los medios ponen a Camila en escena y con esto echan mano en un rico fondo del imaginario colectivo: la figura de la pasionaria, que es parte fija en la romántica revolucionaria, tanto en Latinoamérica como en Europa. Los contrarrevolucionarios llaman a estas mujeres Flintenweiber*, seres letales y atroces.
Al simbolismo de las protestas se le añade el contenido, que toca el día a día de muchas personas. Camila Vallejo y sus compañeros tienen efectivamente un objetivo claro que alcanzar: se levantan en contra de un sistema educativo injusto, que no sólo excluye a las capas más pobres y no les da chance alguna, sino que obstaculiza e incluso cierra el camino profesional de la clase media. Sólo quien dispone de considerables sumas de dinero puede conseguir una buena educación en Chile. En promedio, los estudiantes comienzan su vida laboral con 60 000 dólares de deudas – una carga monstruosa.
Vallejo no se cansa nunca de indicar eso. En un popular Talkshow, el entrevistador le pregunta con un tono irónico y condescendiente: “Qué haría usted si fuera ministra de eduación?”, ella responde de forma objetiva y tranquila: “Lo primero que haría sería transparentar todo. ¡Haría un balance general!” ¡Eso significa todas las cartas sobre la mesa! Entonces (y este es el mensaje) uno puede ver qué juego se está jugando. Camila Vallejo sabe naturalmente que es un juego malvado, cuyo origen data de la dictadura del General Augusto Pinochet, quien llevó a cabo un golpe de Estado en 1973 y dominó al país por casi dos décadas. Pinochet transformó al país en un campo de experientación para fundamentalistas neoliberales.Los Chicago Boys, discípulos del economista neoliberal Milton Friedman, pudieron probar sus ideas en la sociedad chilena, con la protección de las fuerzas militares. Sobre las consecuencias de este experimento existe hasta hoy un fuerte enfrentamiento ideológico: unos consideran a los Chicago Boys cómplices de la dictadura, los otros los consideran los autores del relativo éxito económico de Chile. Como uno podría pensar, la imagen del Chile actual es sumamente contradictoria. La economía crece rápidamente, pero las diferencias de ingresos son extremas. Las fuertes reformas neoliberales fueron suavizadas por varios gobiernos consecutivos de centro-izquierda; sin embargo, el sistema educativo quedó tal como fue reformado bajo Pinochet: privatizado en exceso. Poderosos intereses se encargaron de que eso siguiera siendo así.
Dado que en las últimas décadas Chile se ha convertido en un país en vías de desarrollo, la educación se convirtió en un bien cada vez más valioso – por razones objetivas, pues en el mundo globalizado, en el que Chile participa cada vez más, la educación es un recurso decisivo; pero también por motivos subjetivos: en las últimas décadas se ha desarrollado en Chile una clase media, que tiene exigencias y expectativas del Estado. Por ejemplo, espera que sus hijos puedan ir a la universidad, sin tener que endeudarse demasiado; espera chances y posibilidades, que sólo un Estado capaz de obrar les puede dar. Este es el contexto sociopolítico en el que el carisma de Camila Vallejo se ha podido desplegar.
Hasta ahora el Estado ha mostrado fuerza para con los estudiantes sólo en las calles. La semana pasada la policía actuó con gran dureza contra los manifestantes en la capital, Santiago de Chile. Al respecto se levantó un coro de críticas, tanto desde el pueblo como de la política. Camila Vallejo levantó más la apuesta política, cuando despertó al fantasma de un horrible pasado: “¡Este escenario nos recuerda el estado de sitio de la dictadura!”. Llamó a la gente a sumarse a los estudiantes. Muchos acudieron al llamado golpeando ollas y sartenes. Esta forma de protesta se llama cacerolada** – la última vez que se hizo, fue en tiempos de la dictadura.
* N. del T.: Flintenweib (Flinte: rifle, Weib: mujer) habla de mujeres que se salen fuertemente de sus roles tradicionales y toman un camino de lucha armada. Es un concepto probablemente nacido durante la segunda guerra mundial, en donde los alemanes llamaban así a las mujeres soviéticas que se unían a las filas del ejército.
** N. del T.: Cacerolazo o caceroleo serían los términos correctos.
